En una granja cooperativa cerca de la ciudad de La Hormiga, en el sur de Colombia, una máquina clasifica granos de pimienta negros.

Los granos de pimienta son cultivados y producidos por agricultores que solían cultivar arbustos de coca, cuyas hojas se utilizan para hacer cocaína. Los agricultores forman parte de un grupo de aproximadamente 97,000 que han cambiado a otros alimentos y ganado en los últimos dos años, gracias al estímulo del gobierno.

Pero el cambio de la venta de hojas de coca a pimienta y otros cultivos alimentarios ha sido difícil para los agricultores locales: han encontrado pocos compradores para sus productos legales. La cooperativa está llena de bolsas de pimienta sin vender.

El granjero de pimiento Pedro Culcha dice que sus hijos le están dando pena por haber salido del negocio más lucrativo de la cocaína.

«Me dijeron: ‘Papá, cuando cultivabas coca tenías dinero. Cuando parabas, todo se desmoronaba … Ahora somos pobres», dice.

Los problemas de Culcha se presentan como una historia de precaución cuando Colombia trata de reducir la producción de drogas. El año pasado, el país produjo un récord de 422,550 acres de coca, suficiente para producir alrededor de 1,500 toneladas de cocaína, según una encuesta de Naciones Unidas 2017. La producción ha aumentado cada año desde 2012, a pesar de los esfuerzos para frenarla.

La política antidrogas del gobierno involucra zanahorias y palos. Además de enviar equipos de erradicadores de la policía para arrancar las plantas de coca, el gobierno está ayudando a los narcotraficantes a hacer la transición a la cría de alimentos y ganado.

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